Hola, bienvenidos al segundo episodio de esta serie de sermones titulada «¿Por qué debes buscar a la presencia del Señor como tu "cosa única"?». En este mensaje, quiero abordar otro motivo por el cual debemos esforzarnos para que pasar tiempo en la presencia del Señor sea aquello que busquemos con mayor pasión que cualquier otra cosa en nuestras vidas. En el primer episodio, traté de llamar su atención sobre la verdad de que Dios nos está buscando. Podemos percibir sus señales en nuestras vidas cuando bajamos el ritmo y escuchamos nuestra intuición. Llegamos a ser más conscientes de lo que impulsa nuestros patrones de comportamiento al reconocer nuestras emociones. Cuando reducimos la velocidad y nos damos espacio para ello, acercamos nuestra vida a la presencia de Dios. En última, hallamos resolución y paz al cultivar la práctica de entregarle estos momentos a Dios. Para concluir, até a todo el mensaje con el tema de la gracia de Dios, regalada a nosotros en respuesta a nuestra fe en la resurrección de Jesucristo.
En este mensaje, quiero ampliar la idea central de que buscar la presencia del Señor debe ser nuestra prioridad como pueblo, planteando que la humanidad, a escala mundial, necesita desesperadamente un Padre.
En el mensaje anterior, les leí los versículos 1 y 14 del Salmo 27, que muestran cómo David dependía de la seguridad que se encuentra en la presencia de Dios y confiaba en ella mientras era perseguido por su suegro, el rey Saúl. Ahora, leeré los versículos del 7 al 12.
Salmo 27:7-12
7 ¶Escucha, oh Señor, mi voz cuando clamo;
Ten piedad de mí, y respóndeme.
8 Cuando
dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió:
«Tu rostro, Señor, buscaré».
9 No
escondas Tu rostro de mí;
No rechaces con ira a Tu siervo;
Tú has sido mi ayuda.
No me abandones ni me desampares,
Oh Dios de mi salvación.
10 Porque aunque mi
padre y mi madre me hayan abandonado,
El Señor me recogerá.
11 ¶Señor, enséñame Tu camino,
Y guíame por senda llana
Por causa de mis enemigos.
12 No
me entregues a la voluntad de mis adversarios;
Porque testigos falsos se han levantado contra mí,
Y los que respiran violencia.
Quiero llamar su atención sobre las notas escritos que aparecen debajo del cuadrito del audio. He incluido un documento con algunas notas que tomé sobre estos versículos mientras leía. Cuando examinamos las Escrituras enfocado, para descubrir de esta manera, podemos percibir la reverencia de David hacia Dios. Él pide a Dios que le preste atención y que le responda.
Expresa que su corazón clama y le insta para buscar a Dios. Anhela que Dios permanezca a su lado y no lo abandone. David incluso reconoce cuánto le ha ayudado ya Dios, afirmando que Él ha sido más fiel y digno de confianza de lo que jamás podrían serlo su propio padre o su madre. David nos ofrece un ejemplo de lo que significa vivir una vida con Dios como Padre. Consideremos las emociones que expresa en estas palabras: miedo, ira, tristeza, gozo, anhelo... Él lleva todo eso ante Dios y se desahoga. El va a Dios en busca de ayuda, consuelo, dirección y justicia.
Por todo el tiempo que David ha pasado en la presencia de Dios, es capaz de vivir instante a instante consciente de quién es su modelo a seguir. Él sabe que Dios no es una leyenda inventada y transmitida de generación en generación. David ha pasado tiempo con Dios y conoce Su carácter y Su naturaleza; además, confía en la soberanía divina.
La palabra «soberanía» significa que Dios tiene el control absoluto. A veces nos cuesta comprender este concepto, y profundizar en él requeriría otra ocasión; sin embargo, podemos tener la certeza de que Dios sabe que no somos capaces de lograr entender a todo lo que hay que saber sobre Él. Tampoco espera que lo entendamos todo. Por eso debemos estar dispuestos a tomar una respiración profunda, escuchar lo que sí podemos comprender e intentar captar aquello que Él nos revela. Sin dar ese paso de fe, no podremos entender, pues es por la gracia de Dios que somos capaces de ver, oír y comprender la verdad. Sin fe, simplemente luchamos por mantener el control.
Volviendo al punto principal: David confía en la soberanía de Dios. Confía en que, en última instancia, es Dios quien tiene el control. Al tener a Dios como modelo a seguir, y gracias a que ha pasado tiempo con Él y lo ha escuchado, David posee una experiencia única sobre cómo reaccionar ante situaciones de gran presión emocional. David está equipado de una sabiduría que otros soldados no tenían ni esperaban encontrar.
Voy a mostrarles un ejemplo de esto en acción. En 1 Samuel 26, vemos que David es capaz de responder con sabiduría cuando se ve tentado a ceder ante la presión de sus emociones. David logra mantenerse fiel a la verdad al enfrentarse al rey Saúl. Su respuesta demuestra que ha sido moldeado al pasar tiempo con Dios. Dado que David ve a Dios como su líder y protector —incluso por encima de sus propios padres—, es capaz de ser fiel a sí mismo y de responder de manera inesperada, con gran dominio propio. Esta es la segunda vez que David se encuentra con Saúl desde que este comenzó a perseguirlo.
Esto es lo que nos dicen las Escrituras.
26 Entonces vinieron los zifeos a Saúl en Guibeá y le dijeron: «¿No está David escondido en la colina de Haquila, que está frente a Jesimón[a]?». 2 Se levantó, pues, Saúl y descendió al desierto de Zif, teniendo consigo 3,000 hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. 3 Y acampó Saúl en la colina de Haquila, que está frente a Jesimón, junto al camino, y David permanecía en el desierto. Cuando vio que Saúl venía tras él al desierto, 4 David envió espías, y supo que Saúl en verdad se acercaba. 5 Se levantó David y vino al lugar donde Saúl había acampado. Y vio David el lugar donde estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Ner, el comandante de su ejército. Saúl dormía en medio del campamento y el pueblo estaba acampado alrededor de él.
6 Entonces habló[b] David a[c] Ahimelec el hitita y a Abisai, hijo de Sarvia, hermano de Joab y les preguntó: «¿Quién descenderá conmigo a donde está Saúl en el campamento?». «Yo descenderé contigo», dijo Abisai. 7 David y Abisai llegaron de noche al campamento[d]. Saúl estaba durmiendo en medio del campamento, con su lanza clavada en tierra a su cabecera, y Abner y la gente estaban acostados alrededor de él. 8 Entonces Abisai dijo a David: «Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tu mano. Ahora pues, déjame clavarlo a[e] la tierra de un solo golpe; no tendré que darle por segunda vez».
9 Pero David dijo a Abisai: «No lo mates, pues, ¿quién puede extender su mano contra el ungido del Señor y quedar sin castigo?». 10 Dijo también David: «Vive el Señor, que ciertamente el Señor lo herirá, o llegará el día en que muera, o descenderá a la batalla y perecerá. 11 No permita el Señor que yo extienda mi mano contra el ungido del Señor; pero ahora, te ruego, toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonos». 12 Tomó, pues, David la lanza y la vasija de agua de junto a la cabecera de Saúl, y se fueron. Pero nadie lo vio ni lo supo, tampoco nadie se despertó, pues todos estaban dormidos, ya que un sueño profundo de parte del Señor había caído sobre ellos.
Una vez más, debajo del cuadro de audio encuentraras un documento con mis notas sobre el texto, por si deseas ver una representación visual de lo que observé al leer este capítulo. Esos documentos apareceran cuando prescionas el boton que dice “notas del escritura”.
Una pieca importante para entender el contexto es que David se había casado tiempo atrás con Mical, la hija del rey Saúl, y que Saúl llevaba tiempo persiguiéndolo. Saúl y su ejército habían acampado para pasar la noche en la misma montaña donde David se ocultaba. Entonces, David baja al campamento de Saúl en la noche acompañado por Abisai, y descubren que Dios ha sumido a Saúl y a todo su ejército en un sueño profundo.
Observamos dos reacciones muy distintas entre Abisai y David. Al instante, se dan cuenta de que su enemigo está vulnerable y de que pueden resolver todos sus problemas allí mismo. Saúl tenía incluso su lanza parada en la tierra al lado de su cabeza, tentando prácticamente a David a reaccionar impulsado por el miedo y la ira. Abisai quiere acabar con él; básicamente le dice a David: «¡Mira esto! Dios ha puesto a Saúl en nuestras manos; déjame matarlo».
Se percibe la pasión en la reacción de Abisai cuando dice: «Déjame clavarlo en el suelo de una sola estocada; no necesitaré darle dos veces». Está convencido de tener la fuerza necesaria para atravesar a Saúl con la lanza y clavarla en el suelo. Incluso cree que el hecho de haber encontrado a Saúl y a su ejército en esa situación es obra de Dios y que eso es precisamente lo que se espera que hagan. Dice: «Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tus manos». Insta a David a vengarse de Saúl e intenta justificarlo argumentando que Dios lo ha permitido.
¿Alguna vez te has sentido pesado o frenado por alguien que parece listo para hacerte daño? Quizás te has sentido que esa persona tiene algo en tu contra y quiere verte sufrir sin motivo. Tal vez ocupan un lugar en tu vida del que no puedes escapar. En el caso de David, Saúl es su suegro. Por si fuera poco, Saúl fue el primer rey de Israel y había sido ungido por Dios para reinar. Ahora pregúntate: en este contexto, ¿cómo reaccionarías si encontraras a esa persona —que te ha llevado a una situación dolorosa— en un estado de debilidad y vulnerabilidad? ¿Te sentirías tentado a reaccionar? ¿Cuál sería esa reacción?
La reacción de David, en cambio, es totalmente distinta e inesperada ante esta situación. Leemos que David responde con urgencia a la reacción de Abisai diciendo: «¡No lo mates!», y añade una razón sabia: «¿Quién puede alzar la mano contra el ungido del Señor y quedar libre de culpa?». Aquí vemos a David ejerciendo un juicio acertado. Esta es una enseñanza realmente importante y valiosa que encontramos en 1 Samuel 26. Abisai tienta a David sugiriendo que la vulnerabilidad de Saúl es una especie de regalo de Dios para que pueda vengarse, pero David responde: «¡De ninguna manera! ¿Estás loco?». Ni siquiera tiene que pensárselo. Sabe perfectamente que Saúl es intocable, aunque Dios haya permitido que se encuentre en una situación tan vulnerable. David fue lo suficientemente sensato como para no dejarse llevar por el impulso de actuar que Abisai estaba listo para ejecutar. David mantuvo la compostura, a pesar de que una vida más fácil se presentaba ante él como una puerta abierta, con Abisai tratando de convencerlo de cruzarla. David supo mantenerse firme y cerrar esa puerta sin pensarlo, aun sabiendo que eso implicaba seguir escapandose de Saúl.
Ahora podemos apreciar más sabiduría en la respuesta de David, en los versículos 10 y 11: 10 Dijo también David: «Vive el Señor, que ciertamente el Señor lo herirá, o llegará el día en que muera, o descenderá a la batalla y perecerá. 11 No permita el Señor que yo extienda mi mano contra el ungido del Señor; pero ahora, te ruego, toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonos».
Aquí vemos claramente que David confía en la soberanía de Dios y en sus tiempos. David es paciente. Acepta lo desconocido y, en esencia, le dice a Abisai: «Dios no nos trajo aquí para matar a Saúl, y yo no seré quien tome el control de esta situación. Dios tiene un plan para la vida de Saúl, y sé que no seré yo el responsable de su muerte».
Sea cual sea la
razón por la que David sabe que no puede matar a Saúl, tiene la certeza
absoluta de que cualquier acción conlleva consecuencias y de que debe rendir
cuentas ante Dios. En el Salmo 27 escuchamos cómo David busca desesperadamente
una relación cercana con Dios; no haría nada que pusiera eso en peligro. El
versículo 9 dice: 9 No escondas Tu rostro de mí;
No rechaces con ira a Tu siervo;
Tú has sido mi ayuda.
No me abandones ni me desampares,
Oh Dios de mi salvación.
Es un deseo íntimo que David presenta ante
Dios. En esta situación, donde se ve tentado por la libertad —libertad frente
al peligro y las sufrimientos que trae escaparse de Saúl—, dicha libertad no es
nada comparada con los momentos en que está en la presencia del Señor. David
siente una reverencia profunda y sincera hacia Dios. Vemos que David conoce su
lugar y permite que Dios ocupe el suyo en el tribunal del juicio; asimismo,
David renuncia al deseo de venganza.
Él está en paz con el hecho de que el destino de Saúl sea determinado por Dios, sea cual sea el destino. Y David, cuya historia refleja una vida de comunión con Dios, nos enseña que hallar la verdadera paz en Su presencia es lo único que le permite seguir adelante.
Aquí tienes algunas preguntas para reflexionar a medida que avanzamos; también las encontrarás escritas debajo del cuadro del reproductor de audio en esta página.
¿Cuál es esa cosa que buscas, aquello que anhelas, por lo que te esfuerzas y sufres para conseguir?
¿Cómo sería para ti renunciar a obtener eso mismo en totalidad en este preciso instante, para así darle a Dios el espacio de obrar en tu vida de una manera que solo Él puede hacerlo?
¿Qué aspecto de ceder a Dios el control sobre los resultados de tu vida es el que más incomodidad te genera?
¿En qué momentos de tu vida has experimentado esa sensación de paz completa? Si pudieras cerrar la puerta a la urgencia de reaccionar ante el estrés, la ansiedad y las pesadas cargas de tu vida, y cruzar el umbral hacia esa sensación de paz completa, ¿serías capaz de hacerlo?
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A veces, Dios permite las adversidades (como cuando permitió que Saúl persiguiera a David), permite la tentación (como cuando David fue tentado a desobedecer a Dios debido al deseo de Abisai de matar a Saúl) y permite nuestra propia vulnerabilidad (como aquel sueño profundo). Estas situaciones resaltan la belleza de cada instante de la vida y de la condición humana. Al final, Dios tiene el control; sin embargo, cada uno de nosotros vive en la tierra como un agente libre. Se nos brinda la oportunidad de crecer como hijos de Dios. Lo logramos con ir a Él en medio de las adversidades, las tentaciones y la debilidad, y escuchando lo que desea que aprendamos para superar los momentos difíciles de una manera que nos traiga paz. El hecho de aprender y poner en práctica las enseñanzas de Dios genera un efecto multiplicador que, a su vez, lleva paz a nuestras comunidades, ciudades y, muy posiblemente, al resto del mundo.
Cuando tomamos conciencia de la verdad sobre la bondad de Dios y comprendemos la verdad que Jesús nos muestra al enseñarnos a orar dirigiéndonos a Dios como nuestro propio Padre, descubrimos nuestra identidad. Al ser testigos de cómo Dios permite las adversidades, las tentaciones y la vulnerabilidad en nuestras vidas, podemos ver claramente que Él es el Padre más auténtico y amoroso que jamás podríamos tener. El papel de los padres es enseñarnos a desarrollar resiliencia. Por diseño natural, los padres desean preparar a sus hijos para que sean lo suficientemente fuertes como para afrontar situaciones difíciles, superar obstáculos, mantener la calma en momentos de debilidad y actuar con sabiduría. Asimismo, la naturaleza amorosa de los padres los lleva a preocuparse por el bienestar de sus hijos; ellos quieren que sus hijos sientan que pueden acudir a ellos en busca de seguridad, consuelo y compasión. En el Salmo 27:10, David dice: 10 Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, El Señor me recogerá. Los padres también son seres humanos y, al igual que todos los demás, enfrentan adversidades, tentaciones y vulnerabilidades. David describe que, aun cuando sus padres fallan, Dios permanece siempre presente.
Por tanto, la mejor noticia que podemos recibir es que Dios es el Padre de todas las personas en todas las naciones. En la carta a los Efesios, en el contexto en que Pablo habla a la iglesia de Éfeso sobre la unidad y la madurez en el cuerpo de Cristo, él describe cómo todos somos uno mediante el Espíritu y cómo, al vivir con Dios como nuestro Padre, todos vivimos en unidad a través de un vínculo de paz.
Efesios 4:6 “6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.”
Así que dejaré este punto aquí, ya que hay mucho más que decir sobre la respuesta de David a lo largo del capítulo 26. Podemos apreciar un carácter y una sabiduría asombrosos en David durante el resto de esta interacción; esto nos muestra, en última instancia, cómo Dios ha actuado como Padre para él, pues David responde de una manera piadosa. Es decir, responde respetando a Dios y obedeciendo los principios morales que Dios le ha enseñado a mantener. Más adelante podré desarrollar este punto, añadiendo recursos y más clips de audio; mientras tanto, pueden consultar un adelanto de mis notas sobre el resto de 1 Samuel 26.
En resumen, mi planteamiento de que «la humanidad necesita desesperadamente un padre» gira, en cierto sentido, en torno a nuestros deberes individuales frente a ese concepto que todos anhelamos en mayor o menor medida: la paz mundial. Es evidente que en todo el mundo surgen dificultades y se toman decisiones que pueden provocarnos ira, tristeza o miedo. Creo que la situación empeora cuando no percibimos la luz del amor y la unidad en los alrededores en un nivel comunitario. Quiero transmitir a la humanidad un mensaje de esperanza: ¡existe una luz! Y no se encuentra al final de un largo camino; esa luz está en tu interior. Reside en una voz apacible que te pide suavemente que la honres. Y esa voz no eres tú; es el deseo que Dios sembró en tu corazón y que clama: «¡Busquen su rostro!», tal como dice David en el Salmo 27. Cuando, como pueblo, nos tomamos el tiempo de volvernos hacia Dios, descubrimos quién es Él realmente. Ya no tenemos que especular; de hecho, tenemos la responsabilidad de procurar conocer la verdad.
Creo que esto también implica una responsabilidad social: con el rápido avance de la inteligencia artificial, nuestro pensamiento humano genuino corre peligro. Tu atención está en juego. Cada día decides a qué dedicar tu atención. Si sientes que no tienes el control, que eres incapaz de resistir tus tentaciones, tal vez sea cierto que no lo tienes. Quizás tus tentaciones te dominan y no has logrado liberarte, o tal vez aún no te has dado cuenta de que estas en control. Aquí está la buena noticia: cuando das un paso sincero —sin importar cuán grande o pequeño sea— para depositar tu fe en Jesús como el Salvador que rompe las cadenas de tus adicciones, y cuando miras a Dios como a un Padre, tienes la garantía de ser liberado del control de aquello que alimentaba tu tentación. Eso no significa que la batalla desaparezca ni que nunca más volverás a ser tentado; simplemente significa que ahora, a través de la Palabra de Dios, tienes poder sobre las cosas que antes te dominaban.
Solo tienes que practicar el uso de ese poder y permitir que Dios entre en tu vida como tu Padre para enseñarte a utilizarlo.
Bien, voy a terminar este mensaje aquí. El tercer punto sobre por qué debemos buscar la presencia del Señor como nuestra «cosa única» llegará en aproximadamente una semana. Ese punto es que «en la presencia de Dios podemos ver a Dios mismo».
Gracias a todos los que escucharon el mensaje de la semana pasada y lo compartieron con otras personas. Quiero animarlos nuevamente: si valoraron este mensaje y conocen a alguien a quien también le gustaría escucharlo, o que podría sentirse alentado por él, por favor envíenle el link. Les aseguro que no hay otra forma de que lo escuchen a menos que ustedes se lo envíen. Al visitar este sitio web, pueden estar tranquilos sabiendo que no les leeré anuncios de los negocios agenas ni intentaré generar ingresos publicitarios de empresas que solo buscan venderles productos por puro lucro o para hacer crecer un negocio. Además, este sitio no cuenta con ningún software oculto que intente captar sus preferencias o recopilar información privada. Lo hago de esta manera precisamente para que sean menos vulnerables que en aquellos otros aplicationes.
Por último, quiero agradecer a todos los que oraron por la petición que compartí al final del mensaje de la semana pasada. Si desean saber cómo orar por mí esta semana, les agradecería que pidieran a Dios que se acerque a mí mientras busco paz en Su presencia. Necesito esta verdad en mi vida tanto como los animo a ustedes a desearla también. Quiero señalar el botón de peticiones de oración que aparece sobre el reproductor de audio; oraré específicamente por cada persona que envíe una petición a través de ese formulario. Y tambien ahora mismo, para cerrar este mensaje.
“Amado Padre Celestial, Dios, tu camino es el único que deseo seguir. Gracias por cómo has transformado mi vida y gracias por cómo obrarás en la vida de cada persona que ha escuchado este mensaje hoy, Señor. Te pido que hagas brillar con mayor intensidad tu camino en la vida de todos aquellos que escuchan y han decidido buscarte. Oro para que tu poder transformador nos ayude a discernir la verdad frente a las mentiras de esta época. Y, Dios, te pido que cierres las puertas que nos conducen a las tinieblas y a la tentación. Por favor, protégenos mientras avanzamos en nuestro día a día. Trae tu reino a la tierra y completa tu obra en este lugar, edificando poderosamente tu templo en el cuerpo de Cristo. Enséñanos a orar, Dios; guíanos para ver y escuchar claramente tu voz en las Escrituras y no permitas que seamos sacudidos de un lado a otro por las olas mientras intentamos anclar nuestras vidas en tu Palabra. Protégenos de adversidades innecesarias mientras nos libras de la tentación. Consuélanos también cuando lamentemos nuestros errores, al tiempo que nos muestras las faltas en nuestro caminar. Dios, te pido que seas nuestro fundamento firme. Te establecemos aquí como nuestro Padre y como el Padre de todas las naciones. Acércate a nosotros de una manera que estremezca la tierra mientras buscamos tu rostro, Señor. Ven a este lugar y que se haga tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén.”
¿Cuál es esa cosa que buscas, aquello que anhelas, por lo que te esfuerzas y sufres para conseguir?
¿Cómo sería para ti renunciar a obtener eso mismo en totalidad en este preciso instante, para así darle a Dios el espacio de obrar en tu vida de una manera que solo Él puede hacerlo?
¿Qué aspecto de ceder a Dios el control sobre los resultados de tu vida es el que más incomodidad te genera?
¿En qué momentos de tu vida has experimentado esa sensación de paz completa? Si pudieras cerrar la puerta a la urgencia de reaccionar ante el estrés, la ansiedad y las pesadas cargas de tu vida, y cruzar el umbral hacia esa sensación de paz completa, ¿serías capaz de hacerlo?
